13
Jun
09

Mis hijos vuelven a dibujar -pero esta vez en serio- un árbol, una casa, la memoria de una luz encendida…

mis hijos

 

Por favor, no hagan ruido

en la tranquilidad de este poema

escrito con la mano

del que cierra la puerta al apagar la luz.

Mis tres hijos acaban de dormirse.

Necesito silencio para pensar en ellos.

 

Colores indelebles en un lápiz

de trazado infantil,

vuelven a dibujar

-pero esta vez en serio-

un árbol, una casa, la memoria

de una luz encendida

con sabor a diciembre,

los cristales del miedo

y la ilusión del porvenir

bajo el sol de los dias laborables.

 

Un hijo es el segundo país donde nacemos.

Con su falta de edad nos hace cumplir años

y nos devuelve

al mundo del reloj,

a las llamadas telefónicas

que son una raiz

en la orilla del tiempo.

Un hijo nos enseña a preguntar

con voz de agua

la verdad decisiva de la tierra.

Ser como juncos, y en amor flexibles,

no asegura respuestas

ni confirma el reposo. 

 

…/…

cada cual con su puerto y con su lluvia,

luces cambiantes en el mismo rio.

Nadie comente, por favor,

que acabo de escribirles un poema.

Los hijos crecen con espinas.

Nunca se imaginarían

lo que pueden decir de lo que digo,

lo que pueden pensar de lo que pienso,

lo que pueden hacer con lo que hago.

 

Los hijos  ( Luis García Montero )


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